La incorporación del bloque diesel de 2 litros y 143CV que anima al BMW 118d al vano motor del Mini da como resultado uno de los utilitarios más gratificantes que se pueden conducir, con un carácter curvero insaciable que ahora se combina con una faceta devora kilómetros ideal para transportarse a cualquier destino.

El incombustible Mini, un coche que lleva más de medio siglo dando guerra, tiene en su catálogo hasta 7 versiones de carrocería y 5 mecánicas diferentes, así que sólo combinando estos dos elementos podemos enfrentarnos a 35 coches distintos. Muchos usuarios se preguntarán cual es la fórmula que mejor cuadra, y aunque a priori el motor de gasolina 1.6 THP de 184CV que anima al Cooper S con la carrocería tradicional es nuestra opción ideal, tras probar como va y lo frugal que resulta el Cooper SD estamos ante un gran dilema.

Está claro que por concepto y ajuste de toda su parte ciclo, el Mini es un coche que pide a gritos un motor tan excelso como es el bloque 1.6 que han desarrollado junto a PSA, una mecánica que además puede resultar hasta eficiente en un uso comedido y que homologa un consumo medio de 6,8 litros a los 100, pero teniendo en cuenta que el coste de la versión diesel más prestacional es idéntico (25.350€), la amortización inmediata que los 4,3 litros a los 100 de consumo arroja es un valor de peso.

El poderío de recuperaciones de este motor diesel es además tremendo, así que la satisfacción de uso del Mini Cooper SD es total en conducción diaria, sólo echando en falta algo más de elasticidad a altas revoluciones y un sonido más acorde (dicen que lo han mejorado) con el comportamiento de este “kart” con matrícula que es el utilitario inglés. Los 8,1 segundos en el 0 a 100 y una velocidad máxima de 215 Km/h son más que suficientes para cualquier condición de tráfico rodado, y la caja manual de 6 velocidades será la opción más recomendable, ya que la automática de la unidad de pruebas no nos ha convencido por su “intervencionismo” en el disfrute al volante.

Clase británica personalizable

En el interior del Mini Cooper SD el ambiente más british sigue presente por doquier para bien y para mal, y como nos ha ocurrido en cada ocasión que hemos probado un modelo de la firma, el fenomenal diseño pide algo más de calidad y ajuste en algunos acabados, mientras que recursos estéticos para la galería como el enorme velocímetro central o los botones con toques retro son poco gratificantes en su uso diario. Eso sí, el techo panorámico le sigue sentando como un guante.

Mini fue la primera marca que apostó por una capacidad de personalización inagotable en sus modelos, y hay que reconocer que aunque muchas casas se han subido al carro en los últimos tiempos, nadie lo sabe hacer con su clase. Cuando esto se aplica a un modelo tan especial como es el Cooper SD todas las posibilidades de su catálogo parecen pocas, y desde luego invitan a fabricarse un coche totalmente a medida del que costará desprenderse nunca, pues la identificación con el conductor puede ser plena. A costa de talonario claro.

La habitabilidad del Mini con su carrocería clásica es uno de sus hándicaps a la hora de valorar la compra, ya que a un coche que se va a acercar o superar los 30mil euros de factura final le pedimos unos cuantos requisitos. Cuatro ocupantes se desplazarán con estrecheces, y los 160 litros de maletero no dejan lugar para muchos bultos, así que dado el gran carácter rutero de la mecánica que anima a los Cooper SD, estamos convencidos de que la asociación con las carrocerías Clubman o Countryman dará muchas más satisfacciones, pues entonces sí, tendremos un vehículo absolutamente para todo.

Nuestra Nota: 8,6

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here