Finalmente otro de los culebrones que GM emprendió en su vasta reestructuración no ha acabado en final feliz y habrá que decir adiós a la marca Hummer. Nacida bajo el slogan, “No hay nada parecido”, parecía que su venta a la empresa china  Sichuan Tengzhong Heavy Industrial Machinery Co. era un trato firme, pero las negociaciones se han ido al traste por culpa del ministerio de comercio chino y General Motors ha ordenado el cierre y desmantelamiento de su división de todoterrenos extremos.

Es una marca que no genera ni tiene perspectivas de generar beneficios por lo que va a cerrarla, tal y como ya hizo con Pontiac o Saturn. Hace tiempo que la producción se había detenido como consecuencia de un desplome de las ventas a consecuencia de la creciente corriente ecológica de los compradores y la absoluta ineficiencia energética de estos mastodontes, llegando al punto de que todavía no se ha logrado dar salida a los stocks de Hummer H2 y H3 que aún quedan en los concesionarios.  Las garantías y el suministro de piezas de los actuales propietarios parecen estar aseguradas.

Por si esto fuera poco, dentro del plan de reestructuración de toda la compañía GM, donde la planta de producción de Amberes es es un punto caliente, se ha llegado al acuerdo para evitar su cierre de que se reducirán los sueldos de sus empleados en un total de 265 millones de euros anuales. Nuestra planta de Figueruelas también está en el ojo del huracán y con 900 expedientes de despido abiertos y un plazo de decisión que terminará el 8 de marzo. GM quiere ahorrarse 26,8 millones de euros en salarios para Figueruelas, pero estos llevan congelados desde el 2009 y otra bajada es impensable.

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