La llegada del Range Rover Evoque puede suponer una gran traba para la vida comercial del Land Rover Freelander, pues ambos modelos son capaces de efectuar labores muy similares pero el último en llegar cuenta con una estética que enamora, manteniendo además unas capacidades camperas que ya quisieran para sí el 99% de los SUV de la competencia. A pesar de ello la marca inglesa se ha cuidado mucho de que apunten a públicos totalmente diferentes, y el Freelander mantiene ese aura de aventurero que te acompañaría al fin del mundo desde que fue lanzado allá por 1996.

La principal herramienta que ha usado Land Rover para diferenciar a estos productos que podrían canibalizarse es la que al final más efecto tiene sobre el público a parte de la estética y la capacidad de representación, el precio. Un Range Rover Evoque pintón como el que realmente te gustaría llevar raramente bajará de los 50.000€ con la carga tecnológica que se le supone a los de su especie, mientras que una herramienta más funcional como es el Freelander en la versión 2.2 TD4S, que es la más equilibrada, parte de los 32.700€.

A parte de eso hay toda una serie de razones por las que este coche ideal para salir al campo de verdad, sin preocuparse por si hemos arañado su preciosa carrocería o si alguna de sus llantas de perfil ultra-bajo ha pinchado, mantiene el tipo ante cualquier envite del nuevo hermano pequeño, yo me quedo con estas 6:

–    Su estética atemporal garantiza un gran envejecimiento, los Freelander de 1ª generación todavía se ven atractivos y no desentonan en ningún escenario.
–    Sus formas cuadradas permiten un interior muy amplio y habitable, con unas plazas cómodas para cuatro ocupantes independientemente de la distancia a cubrir.
–    Aunque el maletero pierde mucho espacio debido a que monta una rueda de repuesto de verdad (con llanta de aleación incluida), plegando los asientos traseros se consigue una superficie de carga totalmente plana que roza los 2m cúbicos. Se podrá transportar cualquier tipo de “herramienta” de ocio.
–    Aunque es un verdadero todoterreno se encuentra como pez en el agua en cualquier carretera, y sólo en las curvas lentas más cerradas se acusa su elevado tonelaje  y sus suspensiones de largo recorrido.
–    Por el contrario, el terrain response unido a sus neumáticos M+S con medidas pensadas para el campo permiten acceder a sitios fuera del asfalto a los que muchos de sus usuarios no se atreverán a llegar.
–    La capacidad de vadeo del Range Rover Evoque sorprende con 50cm difíciles de asumir por cualquier Audi Q3, VW Tiguan o BMW X3, pero es que el Freelander puede con eso y con más.

Por ponerle un pero, a mi la rueda de repuesto colgada de la puerta me encantaba y conseguiría ampliar la capacidad del maletero. Larga vida al Land Rover Freelander y a los 4×4 de verdad.

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