Estas son las estimaciones de la agencia de calificación Scope Ratings, quien ya deja constancia de que la industria se está viendo seriamente afectada por la pandemia del Covid-19, que está interrumpiendo las cadenas de suministro de componentes, paralizando la producción y reduciendo la demanda. Esta caída de las ventas va a dejar un fuerte impacto en las matriculaciones de coches nuevos en todo el mundo.

Así, prevé que en China y Estados Unidos las matriculaciones de vehículos caigan este año un 10% y un 8,5%, respectivamente, en parte porque el mercado «se infló» en 2019 por las ayudas públicas y por las compras «precipitadas» ante las nuevas regulaciones ambientales. Por todo ello, la agencia mantiene su perspectiva crediticia negativa para la industria del automóvil.

«La caída en Europa refleja en parte el nivel artificialmente alto de la demanda en 2019, ya que el año pasado fue el sexto ejercicio de crecimiento consecutivo de la matriculación de automóviles ligeros, cuando los volúmenes de Europa occidental casi volvieron a su nivel anterior a la crisis, de 2007», han explicado sus analistas.

También lamentan el efecto «devastador» que a corto plazo está teniendo el bloqueo de la demanda en Europa, que ha obligado a decenas de fábricas a suspender su producción. Esperamos que el mercado de Europa occidental caiga en casi tres millones de unidades en 2020. Gran parte de la disminución está relacionada con Alemania, donde es poco probable que en esta etapa haya incentivos especiales.

Aun así, Scope espera que las mayores caídas se registren en Italia y España, donde el brote de coronavirus está afectando más en la actualidad. Por su parte, para las economías que dependen de los precios del petróleo, como Rusia, la demanda de automóviles podría contraerse hasta más de un 50% en 2020.

Una de las principales razones por las que la caída de este año será tan severa es que cualquier reanudación de la producción en la segunda mitad del año llevará tiempo. Las previsiones deben estar estrechamente vinculadas a la capacidad de toda la cadena de suministro automovilístico para hacer frente a un repunte de la demanda en el supuesto de que se levanten las medidas drásticas para reducir la propagación del Coronavirus.