He estado probando a fondo el buque insignia de la casa checa Skoda en su versión Greenline, esa que busca la máxima eficiencia energética recurriendo al uso de un pequeño bloque diesel de 1,6 litros y 105CV. El Superb sorprende por su amplitud, por un confort muy elevado y por un habitáculo digno de mandatarios de la ONU y estos son los detalles que más me han llamado la atención. Muchos son los que se rinden a sus encantos:

– Su enorme habitabilidad interior. El espacio es similar al de un Audi A8, pero su precio parte de poco más de 20.000€.

– El diseño de su marcador y la iluminación en verde de los mandos. Atractivo y claro.

– El diseño de la carrocería familiar y su enorme maletero. Una línea muy dinámica y cabe un cadáver.

– El techo panorámico opcional de esa lúdica carrocería break. Inunda de luz el habitáculo y aporta un plus de imagen.

– La apertura del maletero twin-door de la berlina. Flexibilidad y comodidad para todo tipo de carga.

– La apertura del maletero remota. Confort absoluto para momentos de manos inutilizadas.

– Los aireadores traseros laterales. Eficaces y necesarios.

– La pantalla del climatizador trasera con información de temperatura exterior. El pasaje siempre informado y mimado.

– La suavidad del voluntarioso bloque 1.6TDI del grupo VAG, sorprende que mueva tan bien un coche de este tamaño.

Para aquellos para los que la imagen lo es todo, es una pena que el gremio de taxistas de Madrid haya descubierto el potencial y la fenomenal relación valor-producto de este coche.

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