Mercedes Benz presenta la versión menos lúdica de su todoterreno más extremo el clase G en versión Profesional, un vehículo destinado a las labores más ardúas fuera del asfalto capaz de llevar a cabo los trabajos más sacrificados. El chasis es de tipo escalera, cuenta con ejes rígidos y suspensiones con muelles helicoidales y se enlaza con la carrocería a través de uniones roscadas macizas, lo que garantiza una resistencia brutal. 

Construido para soportar duras pruebas de carga, todos los G Profesional llevan una toma auxiliar de aire elevada o un doble sistema eléctrico de 12 y 24 V y puede llevar cabrestante, capó reforzado transitable, suelo de carga en madera con argollas de sujección, portón trasero en forma de doble hoja o tapizado impermeable. El equipamiento de serie no se olvida de ciertas comodidades como el aire acondicionado, asientos con regulación de inclinación o el cierre centralizado.

Para mover al Clase G Profesional hay un único bloque diésel V6 de 135 CV de potencia a 3.800 rpm y y 400 Nm de brutal par a solamente 1.600 rpm. El cambio es automático de cinco relaciones con reductora incorporada y tres bloqueos del diferencial al 100 % accionables con el vehículo en marcha son de serie. El ABS con control electrónico de frenada, en funcionamiento por defecto y desconectable automáticamente al bloquear la caja reductora pone la guinda para salir airoso de los pasos más farragosos.

La carrocería puede ser de tres tipos diferentes: Station Wagon, un cinco puertas con cristal trasero y cuatro plazas que se matricula como turismo M1; Furgón: un tres puertas con trasera carrozada que se matricula como vehículo industrial ligero N1 con homologación individual; y Chasis cabina: una cabina individual de dos plazas y chasis libre para carrozado específico. Se matricula como vehículo industrial N2 y se homologa con el carrozado correspondiente. El precio empieza en los 62.306 euros para el Chasis cabina y llega a los 76.047 del SW.

1 Comentario

  1. Jejeje, la ibajrsuneetividtd y la interdisciplinareidad son lo mejor en las ciencias sociales, tanto para enriquecerse como para echar a los intrusos que temen tanto, en el sentido de romper fabulaciones sin base, que tampoco vale añorar el romanticismo de la mentirita mitologica o ideologica blanca, tampoco es un chicle la pobre Clio. De momento esa y no otra consideracion me alejan de semejante iniciativa. Tampoco crean que no hay algo de fondo tentador en la propuesta, pero se ha demostrado que promoveria la decadencia y la monocordia.

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