La llegada del nuevo Mazda CX-5 supuso la entrada de la marca nipona en el segmento de los todoterrenos compactos, en el que no estaba presente hasta el momento, pero con lo que no contábamos es con que este movimiento iba a acabar con el modelo inmediatamente superior, el CX-7, un coche con aura Premium llamado a competir incluso con los BMW X3 y Audi Q5 que ahora se queda un poco desfasado ante la eficiencia y capacidades de su nuevo hermano, que acabamos de probar a fondo para constatarlo.

Las ventas de SUVS para la casa japonesa se han triplicado en el último lustro, y la previsión comercial de la firma para el CX-5 en todo el mundo se sitúa en 140.000 unidades al año, de las que 40.000 unidades se entregarán en el mercado europeo, lo que permitirá hacerse con un 3% de la cuota. Este vehículo ha sido el primero de Mazda en incorporar la tecnología Skyactiv que afecta a los motores, las transmisiones, la carrocería y el chasis, y todo ello le ha dejado en una potencial situación de canibalizar al CX-7, máxime cuando su habitabilidad interior es también mayor en todas las cotas y su estética mucho más moderna.

Por encima de ambos modelos sigue estando el Mazda CX-9, que si bien es importante para mercados tan representativos como Estados Unidos o Rusia, de momento no se comercializará en España, una circunstancia que podría cambiar si finalmente se deja de producir el CX-7. Una de las bazas que sigue diferenciando a este modelo del CX-5 es el motor 2.3 de 260CV, un bloque de 4 cilindros en línea con un consumo medio de 10,4 litros a los 100 y que en la versión más equipada se comercializa por 42.000€. Parecen cifras de otra época ya.

El pionero del Skyactiv

La gama de motores del Mazda CX-5 es mucho más equilibrada, y está formada por dos mecánicas dieselque parten del mismo bloque de 2.2 litros Skyactiv con 150 y 175CV respectivamente que tienen consumos de combustible de 4,6 y 5,2 litros por cada cien kilómetros recorridos. La única variante de gasolina de este SUV compacto recurre al bloque 2.0 de 165CV con tracción delantera, una opción que se posiciona como el escalón de acceso y que realmente sorprende con unos consumos muy ajustados y un comportamiento muy gratificante para el conductor medio.

A bordo del nuevo Mazda CX-5 las sensaciones son todas muy gratificantes, con un habitáculo que ha ganado en ergonomía para ofrecer más espacio, un maletero de más de 500 litros que supera en capacidad al del Cx-7 y una calidad percibida por encima de lo que el fabricante japonés nos tiene acostumbrados. Una vez en marcha da la impresión de que llevamos un pequeño compacto en lugar de un capaz SUV, y las suspensiones mantienen la carrocería bajo control en toda circunstancia. Un consumo real por debajo de los 8 litros se puede considerar un gran dato para este modelo, demostrando que sin grandes dispendios se puede conseguir mucha eficiencia de los motores actuales.

Los precios de comercialización de este vehículo en el mercado nacional parten desde los 24.790 euros de la versión de entrada a la gama con motor de gasolina y van hasta los 35.690 euros de la variante diésel más potente con cambio automático y tracción integral en el acabado Luxury. Entre el equipamiento más destacado con el que cuenta el CX-5 se encuentra el sistema HMI commander que controla los dispositivos de navegación y entretenimiento, así como el sistema de sonido envolvente Bose, el asistente al aparcamiento, el Smart City Brake, el aviso de cambio involuntario de carril o el sistema automático de control de las luces de largo alcance. En definitiva, un producto de una racionalidad pasmosa y ciertamente redondo.

Nuestra Nota: 8,5

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