Aprovechando la creación por parte de la casa matriz del grupo VAG de la división deportiva Volkswagen R GmbH, encargada a partir de ahora de la gestión, diseño y desarrollo de los modelos más deportivos dentro de la gama Volkswagen, he realizado una prueba del Tiguan R-Line, es decir su SUV ligero con aspiraciones deportivas.

Esta rama de vehículos Volkswagen R GmbH es fruto la fiebre actual del público por modelos personalizados o de altas prestaciones, y llevarlo al extremo de “tunear” un modelo a medio camino entre un turismo y un TT, con evocaciones de monovolumen por su flexibilidad, es un acertado movimiento comercial.

Estéticamente hay que decir que el Tiguan R-Line goza de una presencia arrolladora. La parrilla cromada, el spoiler trasero o las llantas de 19 pulgadas modelo “Omanyt” le confieren un aspecto muy varonil, y los parachoques o los pasos de rueda ensanchados del mismo color que la carrocería hacen que verlo por el retrovisor provoque el apartamiento inmediato al carril derecho de la vía por prudencia.

Para que esa presencia no se quede en humo, el Tiguan R-Line deberá ir equipado con los motores más prestacionales de la gama, y en este caso el bloque diesel de 170CV se muestra siempre potente y elástico, aunque algo falto de patada. Las aceleraciones son aún así bastante briosas y adelantar con seguridad no supone ningún problema, siendo además suave para un uso ciudadano.

Para esos menesteres de atascos los motores diesel se pueden acoplar en el Tiguan a la afamada caja de cambio DSG del grupo, una transmisión de doble embrague que hará olvidar el lento funcionamiento de las cajas de cambio automáticas (generalmente de convertidor de par) por su comodidad y absoluto agrado de uso así como por su carácter a la hora de realizar conducción deportiva.

Continuará…

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