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El Chrysler Voyager ha sido un icono de la vida americana desde que en 1974 nació como modelo bajo la marca Plymouth (también se comercializó como Dodge Caravan), un monovolumen sin rival por espacio y versatilidad que ha motorizado a infinidad de familias estadounidenses y que también ha gozado de un considerable éxito en Europa desde que se introdujo en 1988 y durante todas y cada una de las 5 generaciones que han llegado aquí.

En el año 2009 FIAT se hizo con el control del grupo americano tras su quiebra, y desde entonces toda una serie de modelos han visto como el escudo de su calandra variaba a uno y otro lado del Atlántico. Las transmutaciones han sido más o menos criticadas, y el Voyager ahora se vende como un producto Lancia. Esto ha significado un aumento de su calidad interior, con acabados más cuidados y un interior mucho más lujoso sin perder un ápice de su esencia.

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Tras recorrer más de 1.000Kms a sus mandos a plena carga son muchas las virtudes que nos han convencido de este producto tan característico, un conjunto de virtudes que nos harán pasar por alto su cambio por convertidor de par con excesivo resbalamiento y salto entre marchas o su eje trasero rígido que resta precisión y confort en determinadas circunstancias. Las que más nos han gustado son estas:

–          Las 7 plazas tipo bus (2+2+3) con asientos “stow´n go” que se esconden en el suelo y dejan un espacio de carga plano.

–          Sus cómodos butacones que ofrecen un espacio habitable sin rival en el segmento en todas las plazas.

–          El maletero disponible con las 7 plazas ocupadas. Con más de 500 litros (aunque muy verticales) permite viajar con equipaje incluso a plena capacidad.

–          Los asientos y el volante calefactados, una opción poco valorada en España pero muy confortable en invierno.

–          La regulación eléctrica del volante y los pedales para conseguir la mejor postura al volante.

–          El sistema de DVD con auriculares inalámbricos y dos pantallas escamoteables en el techo, a las que se suma la que hay en la consola central, podremos convertir el habitáculo en un cine infantil rodante.

–          Los innumerables huecos para guardar de todo a lo largo del habitáculo, perfecto para que el Voyager sea un cuarto de juegos sobre ruedas.

–          La enorme superficie acristalada y la luminosidad que conlleva. Con un techo panorámico conseguiríamos la cuadratura del círculo.

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