
El grupo alemán afronta un ejercicio marcado por importantes ajustes extraordinarios, la revisión de su negocio de Porsche y las dificultades en China. Con un plan de ahorro de 31.000 millones de euros y una nueva ofensiva de modelos eléctricos, Volkswagen busca ganar competitividad y adaptar su estructura industrial a las nuevas exigencias del mercado.
El Grupo Volkswagen atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. El gigante alemán ha presentado unas pérdidas netas de 5.822 millones de euros durante el tercer trimestre de 2026, frente a los números rojos de 1.072 millones registrados en el mismo periodo del año anterior. Un resultado que devuelve a la compañía a un escenario que no se veía desde el Dieselgate y que pone de manifiesto las dificultades de uno de los mayores fabricantes mundiales para adaptarse a la nueva realidad del automóvil.
Las cuentas publicadas este jueves reflejan una combinación de factores que va mucho más allá de un trimestre complicado. La depreciación del valor de Porsche, el retroceso del negocio en China, la presión de los fabricantes locales, los aranceles comerciales de Estados Unidos y los menores márgenes del vehículo eléctrico han terminado por configurar una tormenta perfecta para el grupo de Wolfsburgo.
La magnitud del deterioro queda reflejada también en el resultado operativo. Volkswagen registró unas pérdidas operativas de 5.860 millones de euros entre julio y septiembre, frente a los 1.299 millones negativos del mismo periodo de 2025. Los ingresos trimestrales descendieron un 6,3%, hasta los 75.277 millones de euros.
Sin embargo, hay un elemento importante para interpretar correctamente estas cifras: buena parte del desplome está relacionado con ajustes extraordinarios. El grupo contabilizó 8.700 millones de euros en partidas especiales durante los nueve primeros meses del año, de los cuales 7.800 millones corresponden al tercer trimestre.
Porsche, China y los costes de la transformación
El principal impacto extraordinario procede de la depreciación del fondo de comercio de Porsche, valorada en 6.400 millones de euros. El ajuste refleja el deterioro de las expectativas sobre el negocio de la marca deportiva, que también está sufriendo las consecuencias de la pérdida de dinamismo del mercado chino y de la revisión de su estrategia industrial y comercial.
A esta cantidad se suman alrededor de 1.000 millones de euros en ajustes sobre activos de las sociedades del grupo en China, además de otros costes relacionados con la reorganización de determinadas instalaciones industriales, entre ellas la fábrica alemana de Osnabrück.
Pero sería un error atribuir toda la crisis a estos apuntes contables. Los problemas de Volkswagen tienen también una dimensión comercial e industrial. Durante los nueve primeros meses de 2026, el grupo vendió 5,88 millones de vehículos, un 10,6% menos que en el mismo periodo del ejercicio anterior. Las entregas a clientes descendieron un 9%, hasta los 6,01 millones de unidades.
La situación de China es especialmente relevante. Durante décadas, el mercado asiático fue uno de los principales motores de crecimiento y rentabilidad de Volkswagen. Ahora, los fabricantes locales han ganado terreno con vehículos eléctricos más competitivos en precio, tecnología y conectividad, desplazando progresivamente a las marcas tradicionales europeas.
La compañía está intentando responder a esta transformación mediante nuevos desarrollos, alianzas locales y una reorganización de su capacidad productiva. También busca incrementar las exportaciones desde China para compensar la debilidad de la demanda doméstica. Sin embargo, el cambio de escenario está obligando a revisar las previsiones de negocio y las inversiones de todo el grupo.
El coche eléctrico crece, pero todavía no ofrece la rentabilidad necesaria
La transición eléctrica constituye otra de las grandes contradicciones que afronta Volkswagen. El fabricante ha conseguido consolidar una posición relevante en el mercado europeo de vehículos eléctricos, pero reconoce que estos modelos siguen generando menores márgenes que los automóviles de combustión.
El director financiero y operativo del grupo, Arno Antlitz, ha reconocido que el éxito comercial de los eléctricos está añadiendo presión a los resultados porque su fabricación continúa siendo más costosa. La compañía necesita ganar volumen, reducir costes de producción y mejorar la eficiencia de sus plataformas para que la electrificación sea también un negocio rentable.
Hay, no obstante, señales positivas en la demanda. La cartera de pedidos europea de Volkswagen creció un 11% respecto al cierre de 2025, hasta aproximadamente 1,1 millones de vehículos. Los pedidos de modelos completamente eléctricos aumentaron un 39% y ya representan alrededor del 40% de esa cartera.
Especialmente relevante es la acogida de la nueva familia de eléctricos urbanos, para la que el grupo asegura haber recibido 150.000 pedidos. Una apuesta que incluye modelos destinados a ampliar el acceso a la movilidad eléctrica y competir en los segmentos de mayor volumen.
El reto consiste ahora en convertir esa demanda en ventas rentables. Volkswagen necesita recuperar competitividad frente a los fabricantes chinos sin comprometer los márgenes ni perder capacidad para financiar el desarrollo tecnológico.

Vehículos en la cadena de montaje de la planta automovilística de SEAT, a 3 de junio de 2026, en Martorell, Barcelona, Catalunya (España). Este acto institucional, motivado por el histórico inicio de la producción de los modelos eléctricos Cupra Raval y Volkswagen ID, cuenta a las 16:30 horas con la participación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el president de la Generalitat, Salvador Illa. En la comitiva oficial intervienen también el ministro Jordi Hereu y los máximos directivos del sector, Oliver Blume, Thomas Schäfer y Markus Haupt, culminando la jornada con declaraciones a los medios y una mesa redonda estratégica.
David Oller / Europa Press
03 JUNIO 2026;FÁBRICA;INDUSTRIA AUTOMOVILÍSTICA
03/6/2026
Un ajuste de 31.000 millones y miles de empleos en juego
La respuesta de la dirección pasa por una profunda reorganización del grupo. Volkswagen ha puesto en marcha un programa de transformación denominado Future Plan, con un objetivo de ahorro de alrededor de 31.000 millones de euros. La hoja de ruta contempla simplificar la gama de modelos, reducir estructuras administrativas, abaratar los costes de fabricación y mejorar la productividad de las plantas.
El ajuste también tendrá consecuencias laborales. Según Reuters, el plan contempla una reducción de hasta 100.000 empleos en el conjunto del grupo y el posible cierre de hasta cuatro fábricas en Alemania. La ejecución de estas medidas amenaza con abrir un nuevo frente con los sindicatos y los representantes de los trabajadores, en un país donde Volkswagen mantiene una enorme relevancia económica y social.
La dimensión industrial del problema resulta especialmente significativa. El grupo necesita adaptar sus fábricas a una demanda cambiante, reducir el exceso de capacidad en determinados mercados y acelerar el desarrollo de nuevos vehículos. Todo ello en un contexto en el que los competidores chinos están ampliando su presencia en Europa y ganando protagonismo en segmentos que tradicionalmente dominaban los fabricantes alemanes.
Una recuperación que todavía no tiene fecha
Las previsiones para el conjunto de 2026 reflejan la prudencia de la dirección. Volkswagen espera alcanzar unos ingresos de aproximadamente 315.000 millones de euros, pero sitúa su margen operativo en un máximo del 1%, una cifra muy alejada de los niveles de rentabilidad que históricamente han permitido financiar sus grandes inversiones industriales y tecnológicas.
Pese al deterioro de los resultados, el grupo conserva una posición financiera que le permite afrontar la transformación. La división de Automoción generó un flujo de caja neto de 4.394 millones de euros entre enero y septiembre, un 144,5% más que en el mismo periodo del año anterior, mientras que la liquidez neta se situó en 33.000 millones.
Estos datos ofrecen cierto margen para ejecutar el plan de reorganización, aunque no eliminan la presión sobre el negocio. La prioridad pasa por recuperar rentabilidad, especialmente en China, controlar los costes y acelerar la llegada de modelos eléctricos capaces de competir en precio y prestaciones.
La crisis de Volkswagen es también un reflejo de la transformación que atraviesa toda la industria europea. La electrificación, la competencia asiática, las tensiones comerciales y la necesidad de adaptar décadas de estructura industrial están obligando a los grandes fabricantes a revisar sus estrategias.
Para Volkswagen, el desafío ya no consiste únicamente en vender más coches o defender su posición entre los líderes mundiales. La compañía necesita demostrar que puede competir en la nueva era del automóvil sin sacrificar la rentabilidad que sostuvo su expansión durante décadas. Los resultados de 2026 muestran hasta qué punto esa transformación sigue pendiente.

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