
El primer Range Rover 100% eléctrico llega con hasta 600 kilómetros de autonomía, 850 Nm de par y una sofisticada gestión de la tracción capaz de afrontar pendientes de hasta 45 grados. Un SUV de lujo que quiere demostrar que electrificación y capacidades todoterreno pueden ir de la mano.
Durante décadas, el Range Rover ha representado una forma muy particular de entender el automóvil: lujo sin concesiones, confort de primera clase y unas capacidades todoterreno que le permiten mucho más que circular entre grandes ciudades. Ahora, ese mismo concepto se enfrenta a uno de los mayores cambios de la industria: la electrificación.
El resultado ya está aquí. Range Rover Electric es el primer modelo 100% eléctrico de la familia y llega con una misión especialmente exigente: demostrar que sustituir el motor de combustión por un sistema eléctrico no significa renunciar a ninguna de las cualidades que han convertido al SUV británico en una referencia.
La marca ha desarrollado el modelo durante una década y lo fabrica en Solihull (Reino Unido), la misma planta que produce Range Rover desde 1970. La transformación de la fábrica acompaña así al cambio tecnológico de uno de los modelos más emblemáticos de JLR.
550 CV y 850 Nm para el Range Rover más silencioso
El Range Rover Electric recurre a dos motores eléctricos de imanes permanentes de 260 kW, capaces de entregar conjuntamente hasta 550 CV y 850 Nm de par.
La respuesta es inmediata y contundente: acelera de 0 a 100 km/h en 4,5 segundos y pasa de 80 a 120 km/h en apenas 2,7 segundos.
Pero el objetivo de Range Rover no parece ser únicamente conseguir mejores cifras de aceleración. La propulsión eléctrica permite elevar todavía más uno de los atributos históricos del modelo: el refinamiento. Menos ruido mecánico y una entrega de par instantánea convierten el habitáculo en un espacio todavía más silencioso y aislado.

La batería tiene una capacidad utilizable de 118,5 kWh, está formada por 344 celdas prismáticas y trabaja sobre una arquitectura eléctrica de 800 voltios.
Según la homologación WLTP, el Range Rover Electric alcanza hasta 600 kilómetros de autonomía, mientras que la marca cifra en hasta 535 kilómetros la autonomía en condiciones reales.
La parte que realmente diferencia a este Range Rover eléctrico
La electrificación de un SUV de lujo es relativamente sencilla sobre el asfalto. El verdadero desafío aparece cuando termina la carretera. Y ahí es donde Range Rover ha querido marcar distancias.
El modelo incorpora Intelligent Driveline Dynamics (IDD), capaz de distribuir el par en el eje trasero entre el 100 y el 0% para evitar pérdidas de tracción. A ello se suma el Integrated Traction Management (ITM), que controla la velocidad de los motores en apenas 50 milisegundos.
La gestión del deslizamiento puede realizarse hasta 100 veces más rápido que en un vehículo equivalente con motor de combustión.

El resultado es un Range Rover eléctrico diseñado para mantener intacta su capacidad fuera del asfalto. El sistema, además, trabaja junto al nuevo modo Single Pedal, que permite controlar con precisión el vehículo en situaciones especialmente complicadas.
La marca asegura que puede arrancar suavemente en pendientes de hasta 33 grados y afrontar ascensos continuos de hasta 45 grados.
Es decir, el Range Rover eléctrico no pretende convertirse simplemente en un SUV premium eléctrico. Quiere seguir siendo un Range Rover antes que cualquier otra cosa.
Carga rápida: del 10 al 80% en 22 minutos
La batería también está preparada para reducir uno de los principales inconvenientes que todavía condicionan el uso cotidiano de los coches eléctricos: los tiempos de recarga.
Con un cargador rápido de corriente continua de hasta 350 kW, el Range Rover Electric puede pasar del 10 al 80% en unos 22 minutos. En solo diez minutos puede recuperar hasta 220 kilómetros de autonomía WLTP cuando el vehículo alcanza su máxima potencia de carga.

La gestión térmica tiene además un papel fundamental. El sistema ThermAssist optimiza tanto la autonomía como la velocidad de carga, la longevidad de la batería y el funcionamiento en temperaturas extremas.
No es una cuestión menor en un vehículo que ha sido sometido a pruebas desde los -40 ºC de Suecia hasta el calor del desierto de Dubái.
1,5 millones de kilómetros para ponerlo a prueba
Range Rover ha llevado el programa de desarrollo mucho más allá de una simple validación sobre carretera.
El nuevo eléctrico ha acumulado más de 1,5 millones de kilómetros de pruebas y más de 250.000 horas de ensayos virtuales y físicos.

La batería también ha sido sometida a pruebas extremas de vibración y choque a temperaturas comprendidas entre -40 y +90 grados. Además, el modelo incorpora un Battery Digital Twin capaz de analizar más de 900 puntos de datos para facilitar un mantenimiento predictivo.
La apuesta tecnológica queda reflejada en otro dato: JLR asegura haber presentado más de 300 solicitudes de patente relacionadas con el Range Rover Electric.
El móvil también se convierte en una extensión del Range Rover
La digitalización alcanza también al propietario. A través de la nueva Range Rover App será posible consultar a distancia el estado de carga y la autonomía, localizar el vehículo, comprobar si está cerrado o activar funciones como la purificación del habitáculo y el volante calefactable.

La aplicación permite además programar la recarga cuando el vehículo está conectado, una función especialmente útil para aprovechar las tarifas eléctricas más económicas durante determinadas horas.
En Europa, los propietarios tendrán acceso a una red de más de un millón de puntos de recarga públicos.
Solihull se prepara para fabricar el Range Rover del futuro
La llegada del primer Range Rover eléctrico también supone una profunda transformación industrial para JLR.
La planta de Solihull, donde se fabrica el modelo desde hace más de cinco décadas, ha incorporado nuevas capacidades de electrificación y formación específica. Según la compañía, unos 9.000 empleados de fabricación de la instalación ya han recibido formación relacionada con vehículos eléctricos.

La producción se apoya además en el Electric Propulsion Manufacturing Centre de Wolverhampton, donde JLR fabrica baterías y sistemas de propulsión eléctrica junto a motores de combustión.
La transformación industrial incluye 13 nuevas líneas de fabricación de baterías y unidades de propulsión eléctrica, nueve kilómetros de cintas transportadoras y 182 kilómetros de cableado de potencia y datos.
Pedidos abiertos para el Range Rover eléctrico
El nuevo Range Rover Electric ya admite pedidos y estará disponible con carrocería de batalla corta o larga y diferentes niveles de equipamiento, entre ellos SE, HSE, Autobiography, SV, SV Ultra y SV Black.
También existe una First Edition, que añade una configuración específica con colores como Belgravia Green, Santorini Black o Varesine Blue y un interior especialmente seleccionado.

Y para quienes quieran llevar todavía más lejos la personalización, Range Rover Bespoke permite elegir entre una amplísima variedad de pinturas, materiales, combinaciones cromáticas y detalles exclusivos.
La llegada del Range Rover eléctrico cierra así un círculo que la propia marca comenzó a dibujar hace años: el SUV de lujo que fue pionero en combinar carretera y campo entra definitivamente en la era eléctrica sin renunciar a su identidad.
Y esa quizá sea la verdadera noticia. No se trata solo de que el Range Rover tenga ahora una batería en lugar de un motor térmico. Se trata de comprobar hasta dónde puede llegar la tecnología eléctrica cuando se pone al servicio del lujo, el confort y el todoterreno.

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