La semana pasada tuve la “desgracia” o el “castigo” de hacer una prueba de esas que no te dejan estar tranquilo en casa, si no de las que te piden hacer kilómetros de comarcal por un tubo. Cuando recogí la criatura los nervios dieron paso al asombro, y es que el Audi TTRS descapotable en gris suzuka que ahora tenía bajo mis posaderas impresiona desde el primer vistazo.

Lo han catalogado como el “mini R8” y la verdad es que este adjetivo no me parece en absoluto exagerado. Vamos a dejar clara una cosa desde el principio, me encanta este coche, pero voy a ser objetivo. No es el más pasional de la oferta por la que el afortunado comprador puede optar, pero sin duda es el más completo y racional. Un arma imbatible en el día a día con la que puedes quedarte babeando mirándolo y sentirte un consumado volantista a sus mandos.

Por no hablar de la expectación que levanta. Con pocos coches me han mirado tanto como con este súper Audi, y para que veáis que no exagero un detalle: tras un rato aparcado en una conocida zona de bares de Madrid me encuentro la nota en el parabrisas que veis en la foto. Os Juro que es la primera vez que me pasa. Este coche está hecho para ir al cielo está claro.

La parrilla panal de abeja en negro brillo, las llantas bicolor, las intimidantes salidas de escape ovaladas tipo “cañón panther” integradas en el difusor trasero o el fabuloso alerón fijo son una auténtica declaración de intenciones. (No entiendo muy bien por qué existe la posibilidad de encargar, sin coste añadido, el famoso mini-spoiler que surge del maletero al superar los 120 km/h porque la verdad es que este coche necesita diferenciarse de sus hermanos de gama).

Al abrir la puerta me reciben los asientos tipo bacquet que se montan en opción (a 2.000 €) y su intimidante aspecto se traduce en una sujeción del cuerpo digna de un maxicosi de los de bebé, aunque como he dicho en otras ocasiones creo que el tapizado en cuero completo está desfasado. Con piel vuelta por el centro serían de 10. Estéticamente el resto del interior no se distingue de sus hermanos más que por algunos logos RS, por el velocímetro escalado hasta los 310 Km/h (un aviso para navegantes) y por el tapizado de las puertas y el respaldo con perforaciones que delimitan la silueta TT, un detalle muy pintón. No le hace falta más la verdad.

Al respecto del escalado del velocímetro tengo  que hacer un apunte crítico que me escama bastante. Los modelos R de la casa de los aros no están sujetos a la limitación “básica” de velocidad hoy en día tan habitual, sin embargo las versiones RS sólo pueden llegar a un máximo de 280 km/h, y eso previo pago de un suplemento  nada barato (1.200€) ni comprensible (el resto se tiene que conformar con los 250 km/h).

Evidentemente, 250 km/h son más que suficientes, lo que no se entiende es por qué Audi limita de esta forma a lo que la propia casa ha denominado como «un deportivo sin concesiones». A Porsche o a Ferrari nunca le han interesado tales limitaciones e incluso Audi las ignoró en sus tiempos con el RS2, lo mismo que ahora con el R8. En fin, todo se soluciona con pasta pero no me parece adecuado con la filosofía de este coche.

Continuará…

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