La gama actual de Seat es la más amplia y variada de su historia pero a mi parecer les falta un modelo 100% urbano como en su día fue el Arosa, un coche que compartía plataforma con el Volkswagen Lupo, que tampoco está ya en el catalogo de la casa alemana. A este respecto hoy os traigo una versión de ese pequeño ciudadano de la casa española que por desgracia nunca vio la luz , el Seat Arosa Racer.

Desarrollado íntegramente  por Seat Sport en Martorell, el Arosa Racer era una versión “de carreras” con el espíritu de un pequeño kart. Llantas OZ de 15 pulgadas pintadas en blanco, un kit aerodinámico con conductos de ventilación para los frenos, spoiler para mayor sustentación y un difusor trasero con salida central de escape delataban sus intenciones en el exterior. En el interior, muy racing, se eliminaban las plazas traseras y montaba unos bacquéts Momo con cinturones de cuatro puntos para el piloto y copiloto.

Un bloque 1.6 atmosférico con 16 válvulas e inyección electrónica multipunto de 125 CV a 6.500 rpm, acompañados de 152 Nm de par motor a 3.000 rpm era el motor que iba a llevar, y gracias a su ligereza y los cortos desarrollos de su caja de seis marchas el Arosa Racer  hubiera alcanzado los 100 km/h en sólo 8.3 segundos, mientras que su velocidad hubiera sido de 207 km/h, una pequeña bomba.

Un Volkswagen Lupo GTI, que si llegó a la producción, pesaba 975 kg, así que el Seat Arosa racer podría bajar hasta los 900 kg fácilmente. La suspensión regulable y de mucha más firmeza seguro que permitía un paso por curva de infarto, y el equipo de frenos, que también había sido reforzado para frenadas más potentes con discos delanteros ventilados y discos macizos traseros, garantizaba apuradas al límite.

El equipamiento de serie de este Arosa de carreras se limitaba a los elementos básicos de seguridad y los elevalunas eléctricos. Hasta el cableado eléctrico quedaba a la vista, y la rueda de repuesto se colocaba como en los coches de competición en el centro del maletero buscando el mejor reparto de pesos. Eso sí, un extintor de cinco kg no faltaba entre los elementos con los que se hubiera entregado este capricho para el que no hubo hueco en el mercado.

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