
El fabricante japonés refuerza su estrategia industrial sostenible con una nueva planta en Walbrzych capaz de tratar 20.000 vehículos al año, recuperar materias primas estratégicas y avanzar en su objetivo de reducir emisiones en toda la cadena de valor.
Toyota redobla su apuesta por la economía circular en el corazón de Europa. El gigante japonés ha anunciado la puesta en marcha de una nueva instalación industrial en Walbrzych (Polonia) destinada al tratamiento de vehículos al final de su vida útil, un movimiento estratégico que consolida su hoja de ruta hacia la neutralidad de carbono y refuerza su liderazgo en electrificación.
La división europea del grupo, Toyota Motor Europe (TME), levantará una planta de 25.000 metros cuadrados con capacidad para procesar alrededor de 20.000 vehículos al año. La inversión no es un simple proyecto industrial: es una declaración de intenciones dentro de la estrategia global de la compañía basada en los principios de reducir, reutilizar y reciclar.
Un modelo integral para exprimir el valor de cada vehículo
La futura fábrica circular aplicará un enfoque integral y sistemático para el tratamiento de automóviles fuera de uso. El objetivo es claro: maximizar el aprovechamiento de cada componente y cada material con el menor impacto medioambiental posible.
En la práctica, esto implica recuperar piezas susceptibles de ser reutilizadas como materias primas valiosas. Componentes clave, baterías y ruedas serán sometidos a un exhaustivo análisis para determinar si pueden reacondicionarse, reutilizarse o reciclarse. La lógica es sencilla pero ambiciosa: extender la vida útil de los recursos y reducir la dependencia de materias primas vírgenes.
Además, la planta polaca permitirá recuperar materiales estratégicos como cobre, acero, aluminio y distintos tipos de plásticos, que volverán a incorporarse al proceso productivo de nuevos vehículos. De esta forma, Toyota no solo reduce residuos, sino que cierra el círculo industrial, transformando lo que antes era un coste en una oportunidad.
Walbrzych, epicentro de la estrategia circular
La elección de Polonia no es casual. La nueva instalación ampliará las actividades de la planta ya existente en Walbrzych, donde actualmente se fabrican componentes esenciales para los motores híbridos de la marca. Con esta ampliación, el enclave se convierte en un nodo estratégico dentro del ecosistema industrial europeo de Toyota.
Según explicó Leon van der Merwe, vicepresidente de Economía Circular de Toyota Motor Europe, esta será la segunda fábrica circular de la compañía en el continente. La primera arrancó en 2025 en Burnaston, Reino Unido, y ha servido como laboratorio de pruebas y referencia para el desarrollo de este nuevo modelo operativo.
La compañía ha subrayado que Polonia ofrece un alto potencial de vehículos al final de su vida útil, además de contar con infraestructuras de reciclaje consolidadas y una sólida tradición industrial. No será el último movimiento: Toyota prevé replicar este tipo de inversiones en otros mercados europeos en los próximos años.
Circularidad como vía hacia la neutralidad de carbono
Para Toyota, la economía circular no es un concepto accesorio, sino una herramienta clave para avanzar hacia la neutralidad climática. Reducir la demanda de materias primas con alta intensidad de carbono no solo disminuye las emisiones asociadas a la extracción y transformación de recursos, sino que también fortalece las cadenas de suministro en un contexto global cada vez más tensionado.
El diseño de vehículos pensando en su futura reutilización, reacondicionamiento y reciclaje forma parte de esta visión a largo plazo. La compañía defiende que actuar sobre toda la cadena de valor —desde la concepción del producto hasta su tratamiento final— es la única forma de lograr reducciones reales y sostenidas de emisiones.

“Let’s Go Beyond”: más allá del automóvil
Bajo el paraguas estratégico “Let’s Go Beyond”, Toyota reivindica su liderazgo mundial en electrificación. Con sus marcas Toyota y Lexus, el grupo acumula más de 25 millones de vehículos electrificados vendidos en todo el mundo y más de medio millón en España desde 1997.
La apuesta comenzó hace más de un cuarto de siglo con el nacimiento de la tecnología híbrida, una decisión que en su momento fue vista con escepticismo y que hoy se ha convertido en uno de los pilares de la transición energética en el sector del automóvil.
La marca sostiene que su compromiso no se limita a reducir las emisiones de CO2. También pone el foco en la disminución de gases contaminantes como los óxidos de nitrógeno (NOx) y las partículas, que afectan directamente a la salud pública. En algunos de sus modelos, como el Corolla Touring Sports, las emisiones de NOx se sitúan muy por debajo de los límites marcados por la normativa europea.
Pero la visión de Toyota va más allá del presente inmediato. La compañía ha situado el hidrógeno en el centro de su estrategia futura, con la ambición de convertirlo en una de las principales fuentes de energía de la sociedad del mañana. Una sociedad conectada en la que vehículos, edificios y personas interactúen en un ecosistema común y sostenible.
Un paso más en una transformación estructural
La nueva fábrica circular de Walbrzych simboliza un cambio de paradigma en la industria del automóvil. Frente al modelo lineal tradicional —producir, usar y desechar— Toyota propone un ciclo continuo en el que los vehículos no terminan su vida útil en el desguace, sino que se convierten en un banco de recursos estratégicos.
En un momento en el que Europa acelera sus objetivos climáticos y endurece las exigencias regulatorias, el movimiento de Toyota envía un mensaje claro al sector: la competitividad futura no solo dependerá de vender coches eléctricos, sino de gestionar de forma inteligente todo su ciclo de vida.
Con esta inversión en Polonia, el fabricante japonés no solo refuerza su presencia industrial en Europa, sino que se posiciona en la vanguardia de un modelo productivo que busca conciliar rentabilidad, sostenibilidad y resiliencia. La economía circular deja de ser un eslogan para convertirse en una infraestructura tangible, capaz de procesar 20.000 vehículos al año y de dar una segunda vida a toneladas de materiales.
El desafío ahora será escalar el modelo y demostrar que la circularidad puede integrarse de forma rentable y eficiente en la gran industria. Toyota ya ha dado el primer paso.

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