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La carrocería familiar de la berlina media de Jaguar, el XF Sportbreak, se posiciona como el modelo más estético y elegante de su segmento sin renunciar a un amplio espacio interior y a cierto aire deportivo. Combinada con el bloque V6 diesel más potente da como resultado un vehículo plenamente satisfactorio.

Las berlinas familiares del segmento D llevan muchos años copadas por los fabricantes alemanes lideradas por el Audi A6 Avant, pionero y líder, y nadie parecía dispuesto a plantar cara con todos los argumentos en uno de los nichos de mercado más atractivos para destacar y conseguir nuevos clientes. No en vano en nuestro país cada vez somos más conscientes de la versatilidad que aportan estas carrocerías sin que suponga ninguna merma de la capacidad de distinción, y la llegada del Jaguar XF Sportbrake supone un soplo de aire fresco y elegante muy necesario.

Parece como si el poco apreciado por el público Jaguar X-Type Wagon de principio de siglo hubiera sido un ensayo fallido para la marca inglesa, pudiendo ser que su semejanza mecánica con el Ford Mondeo supusiera un elevado lastre o que los clientes de la marca no estuvieran preparados todavía para ello, así que a la hora de desarrollar la versión familiar del XF los ingenieros han puesto toda la carne en el asador. Los 5 años que ha tardado en llegar esta carrocería desde que se estreno la berlina en el 2007 dan fe de ello.

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Imaginar un Jaguar con carrocería familiar y una gama mecánica compuesta exclusivamente por motores diesel hubiera sido algo así como mentar al diablo hace una década, pero el mercado es dueño y señor de los designios por los que los fabricantes deben transitar y hoy en día estamos sin duda ante el Jaguar más polivalente de su historia, un amplio vehículo de 5 metros con 5cm más de espacio en las plazas traseras y un gran maletero, ideal para rodar por autovías y autopistas a ritmos de locomotora y con una elegancia y una calidad innatas al fabricante de Gaydon.

Su silueta combina clasicismo, elegancia y deportividad a partes iguales, y la agresiva mirada de los nuevos faros delanteros con luces diurnas en forma de J tumbada es toda una declaración de intenciones, máxime si se opta por la versión con el acabado S y el bloque diesel más potente del trío disponible, un V6 de 3 litros con doble turboalimentación, que eroga 275CV, 600Nm de Par y es todo fuerza y suavidad. 250Km/h limitados de velocidad máxima y 6,6 segundos en el 0 a 100 son sus prestaciones, y además tiene un sonido ciertamente conseguido para tratarse de un bloque animado por gasóleo.

Todas las versiones del Jaguar XF Sportbrake se combinan con la fantástica caja automática ZF de 8 velocidades (con ese selector redondo que se eleva automáticamente con el encendido, un detalle que nos encanta) que también permite realizar los cambios con las levas del volante, aunque apurar las marchas hasta la zona roja no lleva a nada en este coche. Sin tener la rapidez de una caja de doble embrague, en conjunción con el Stop&Start este cambio permite que este mastodonte presente consumos medios reales aceptables si cuidamos el acelerador, en el entorno de los 8-9 litros tras haber homologado 6,1l a los 100.

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Dinámica adaptada

El Jaguar XF Sportbrake pesa 90 kilos más que la carrocería sedan de esta berlina, y dado su carácter lúdico y familiar, la suspensión trasera de muelles  se sustituye por una  suspensión neumática autonivelante que permitirá el mejor comportamiento en toda circunstancia de carga. El setup del conjunto busca el compromiso óptimo entre comodidad y eficacia, y hasta la llegada de las versiones R, si es que se da el caso, este coche prima el confort de todos los ocupantes, aunque el balanceo en curva nunca es acusado.

Todas las versiones del XF familiar mandan la potencia al eje trasero, y la tracción integral no es ni opcional, un punto purista que supone cierta pérdida del plus de seguridad en terrenos deslizantes y condiciones climatológicas adversas. Para suplirlo tenemos la ayuda de la electrónica, y junto al selector del cambio el conductor podrá optar por un modo invierno que permite mantener la potencia bajo control. Otro botón activa el modo Race, y sin llegar a ser extremo, el afilamiento de los parámetros del cambio y el acelerador permitirán rodar ciertamente rápido con este coche de casi 2 toneladas.

En el interior la sensación de lujo está conseguida en cada detalle, aunque la pureza de líneas del salpicadero del Jaguar XF Sportbrake es como si nos trasladará a una época anterior de la automoción, ya que la ausencia de profusión de botones y la aparente simpleza de su sistema multimedia le otorga un clasicismo que muchos clientes agradecerán. Los butacones priman la comodidad a la sujeción pura y pueden llevar ventilación incluida, y el espacio es amplio en todas las plazas, aunque son las traseras las grandes beneficiadas al estar 5 cm más altas y disponer de mayor superficie acristalada. Los 550 litros de maletero son más que suficientes sin destacar frente a la competencia, pero sorprenden ante la pronunciada caída del maletero.

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Los 73.350 euros que cuesta esta versión de la berlina familiar más poderosa y atractiva de Jaguar suponen un desembolso elevado que le sitúa en la cúspide del escalafón de representación, y los más de 50.900 euros de los que parte cualquier otra alternativa de la gama XF Sportbrake nos parecen el principal hándicap para un coche que convence desde la primera mirada hasta la última de las sensaciones que transmite a sus mandos. Nobleza y refinamiento obligan.

Nuestra nota: 8,5

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