Nuestro polémico director general de tráfico, el controvertido Pere Navarro, ha recibido una inestimable ayuda desde la Unión Europea a su cruzada en busca de la seguridad total, y a diferencia de los métodos dictatoriales de éste, el organismo supranacional acaba de firmar una iniciativa que merece todo tipo de elogios y menciones.

Como ya ocurriera con el ABS y esperemos que pronto también con el ESP, sin los cuales muchos conductores ya no sabrían conducir prácticamente, a partir de 2011, los coches nuevos tendrán que incorporar sistemas de ayuda a la frenada de emergencia de serie. Se trata de un sistema que en situaciones de frenada de emergencia asegura que la presión ejercida por el conductor sea la máxima y que se introdujo por primera vez en la Clase S (W 140) de Mercedes-Benz en 1996.

La ayuda a la frenada detecta un fuerte pisotón en el freno entendiendo que se trata de una situación de riesgo, por lo que se encarga de incrementar la presión para tratar de evitar la colisión. Y es que Bosch, el fabricante de este invento, afirma que la tercera parte de los conductores que se vieron involucrados en un accidente no aplicaron el máximo de la potencia de frenado de su vehículo: levantaron el pie o no pisaron lo suficiente. Tan sólo la mitad son capaces de ejercer la fuerza suficiente para detener el vehículo.

Intentando vislumbrar lo que nos deparará el futuro algunas marcas se adelantan a él, y el siguiente paso son sistemas inteligentes de frenada que mediante la utilización de cámaras o radares permiten descubrir la presencia de obstáculos en nuestra trayectoria, encargándose de avisar al conductor e incluso de comenzar la frenada de manera autónoma, llegando incluso a detener por completo el vehículo si fuese necesario.

Con la obligatoriedad de contar con este sistema en nuestros coches la UE pretende evitar hasta 1.100 muertes al año, fruto de atropellos y alcances en su mayor parte. Bravo.

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