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Las mafias especializadas del este, las más peligrosas y efectivas, se dedican a los coches de gran lujo y en su modus operandi llegan al extremo de seleccionar viviendas que, por su situación y características, puedan albergar en su interior uno de estos vehículos con sus llaves, ya que les resulta más sencillo copiar las frecuencias de los mandos a distancia de los garajes que las de los coches, que poseen frecuencias que varían. Si los propietarios están dentro, con suerte sólo los inmovilizan y amordazan. Si no están, aprovechan para copiar las tarjetas de crédito con una «bacaladera» y las vuelven a dejar en su sitio para que los titulares no denuncien el robo ni las anulen. Sin “puentes” ni cerraduras forzadas, sin el sonido de la alarma y sin cristales rotos consiguen un robo de guante blanco.

 

Entonces conducen hasta un aparcamiento al aire libre (suelen elegir los de las grandes superficies) o hasta una urbanización en la que sea fácil aparcar y en la que no llame la atención un coche de esas características. Lo dejan allí durante cuatro días con un propósito claro: que se «enfríe». Si transcurrido ese tiempo la Policía no ha ido a por el coche significa que éste no está dotado de GPS (el sistema de localización por satélite). Ya está «frío» y es el momento de trasladarlo a un aparcamiento subterráneo público donde permanecerá sin levantar sospechas hasta el día del desplazamiento. Las fechas más usadas son las de movimiento masivo nacional, como son la semana santa o el comienzo del verano, momento en el que millones de coches circulan por las carreteras españolas y pueden moverse “cómodamente” hasta el punto de destino para su venta.

 

Las mafias colombianas no devuelven jamás los coches. Están muy organizadas y portan armas cortas de calibres pequeños, no tienen preferencias en cuanto a marcas ni cilindradas, roban todo lo que pueden y utilizan los mismos métodos que los delincuentes comunes. La diferencia es que los ladrones de origen colombiano quieren los coches para utilizarlos en atracos y otros delitos, y por eso les «doblan» las matrículas, es decir utilizan otra del mismo modelo y color de coche pero que no ha sido denunciada.  Las mafias chilenas son las más violentas del «sector» pero la mayoría de los robos los cometen “al descuido”. Las gasolineras y las grandes superficies son los lugares más frecuentados por estas mafias, que aprovechan el despiste del propietario de un coche para llevárselo con las llaves puestas, lo que tiene la ventaja legal de que es considerado un hurto y no un robo. Los últimos, los delincuentes comunes, no están organizados ni van armados. Tienen predilección por los modelos con “puertas blandas”, más fáciles de abrir de lo habitual, utilizan métodos tradicionales como la palanca o el destornillador y los arrancan haciéndoles un puente para ir a comprar droga o divertirse un fin de semana.

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